sábado, 16 de enero de 2016

Lejos eres dueño de algo magnífico...

Lejos eres dueño de algo magnífico. Lejos eso es tuyo. Por eso cuando siento la respiración descomunal de tus pulmones y corroboro que es la lluvia lo que escucho apartadamente, sé que eres dueño del aguacero, y no eres malo. El pulmón pequeño, que es caliente, que si lo cierro haciendo una cuenca con las manos bendecirá toda clase de pulmones, altos y los bajos, porque avisan de una próxima felicidad forastera o vernácula, me hace llorar, y he empezado a esperar, en esa carne que con sumisión vemos evaporarse, no la tuya no la mía, sino la del universo, reafirmarse en que aún prosigue escuchando a los hombres.