Suavísimo rasgo propaga
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
jueves, 17 de mayo de 2012
lunes, 14 de mayo de 2012
Verdeará en el ejido...
Verdeará en el ejido
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
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