Por ese sendero llegaremos ya miserables.
Otros senderos sin espinos ni cardos hay
donde también llegaremos ya miserables.
Si tú me coges de la mano no nos equivocaremos.
Si tú me arropas con tu abrazo no nos equivocaremos.
Si tú y yo nos mirásemos en las bifurcaciones
sabríamos elegir.
¡Viento que arrasa las miserias humanas,
dramáticos soles que calientan el rostro,
invierno que arropa la tierra de blancor!,
¿podríamos a pesar de todo equivocarnos?
El sendero que conduce a la clara habitación
de la casa que iluminaremos abriendo las ventanas,
tiene un árbol, crece solo y esparce sus raíces,
se agarra al suelo, es verde y se sueña verdecido
antes de primavera. Se aferra a la tierra, calla,
¿podríamos entonces equivocarnos?