lunes, 24 de junio de 2013

Aquella rosa...

Aquella rosa olía a jazmín,
¡a una pobre miniatura!...
En el quebrantado día
alcé los ojos a la altura
y un cielo azul se ponía
íntegramente limpio.
Pero, donde yo veía
mi alta delicia azul y plácida,
un ángel nocherniego
bostezaba por detrás la noche ácida.
Con el corazón roto,
sin mi rosa y sin mi alta delicia,
me hice noctámbulo
y abstemio de esencias.
...Y a mi nuevo destino
le llamé escarmentar y pobreza.

domingo, 16 de junio de 2013

Vendría a una noche misteriosa...

Vendría a una noche misteriosa
oliendo a calurosas brasas acabadas.
Y verías que vengo de muy lejos,
siempre escuchando oscuramente, en cada pisada,
como en un ropaje antiguo,
el verbo susurrado y roto,
la esquina tomada en la impensable alborada.
Porque creí creer en un cuerpo tendido
la noche más profana concebida,
la dignidad que sostuve perseverante,
y el campo de espigas soleado
que al labriego desdobla el alma,
sabrás un día que enamorarse
de este comercio que tan poco pan me daba,
y ufanarse de la pobre dádiva,
me costó solamente cerrar los ojos
y creer cerrados también los tuyos.

lunes, 3 de junio de 2013

Mi pan despeñado...

Mi pan despeñado en una noche inflexible.
La lengua que lame y chirría con su calmosa danza.
Vengo a abrirte la vereda
por la que escapar con la mujer del alba.
Ella vino torneando su cadáver. Hasta las caderas,
y mucho más arriba, podrás besarla.
En la danza hallarás púas
con que clavártela a la espalda.
¿No ves que viene sola y ya sin alma?
Robusta de calor y fresca, la brisa no la hiere, ni traspasa,
el huerto de su inmaculada entraña.
Tan acaudalada de muerte, tan ingenuamente inanimada...
¡Vean cómo la usan los hombres del alba!