Con tu risa, oh vida, me sobra.
Y si se humedecieran todas mis bocas,
ensalivadas y feroces
de esa avidez buena de las rocas,
ríe porque me quitarías el incendio
que arde en todas mis auroras.
Ríe porque desobedezcan todas
las inocencias y mucosas.
La eternidad seda como el aliento
de una mujer. Y si ríes alguién llora,
sorprendido de que la felicidad
no travesea ni escorza.
¡Oh, vida que ríes para mí!
¡Oh, complacencia pomposa!
Ríe aunque el intruso poeta
no te esperara tan hermosa.
Ríe aunque piensen los hombres
que eres perpetuamente ruborosa.
sábado, 28 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Si me rozaran con su blancura...
¡Si me rozaran con su blancura!
Ya vuelven de dilatados jardines
emitiendo en sus temblorosas melenas
la razón de los jazmines.
Vienen por fijadas veredas
a donde tienen que prenderse.
Y se anclan, ciegas,
a las casas en su portada
como larvas acabadas.
¿Sabes de qué los hogares llenan?
Brumas hay también, hermano,
rellenando las esquelas.
¿Vas a dejar que se consuma
este quehacer tan viejo que centellea
de nevada y de aroma?
Espérate. Tengo que decirte algo.
Espérame. ¡Vuelve ya la blancura!
Ya vuelven de dilatados jardines
emitiendo en sus temblorosas melenas
la razón de los jazmines.
Vienen por fijadas veredas
a donde tienen que prenderse.
Y se anclan, ciegas,
a las casas en su portada
como larvas acabadas.
¿Sabes de qué los hogares llenan?
Brumas hay también, hermano,
rellenando las esquelas.
¿Vas a dejar que se consuma
este quehacer tan viejo que centellea
de nevada y de aroma?
Espérate. Tengo que decirte algo.
Espérame. ¡Vuelve ya la blancura!
martes, 17 de abril de 2012
Sonríe el agua...
Sonríe el agua en mi pecho.
Nado. Mi pecho sólo sabe que es agua
que sonríe, que trasnocha
en una noche en que todo me ama.
Ya estoy tan lejos
que no podría pensar en mi casa,
que olvido. Tampoco puedo recordar
a quién amaba.
No me abandona el animal
ni su costumbre de ofrendar
la vida a mi lado.
Sigo nadando. Voy a entrar
en un amanecer de invierno.
Sé que no me espera ningún mal.
A lo lejos, se dilata
el horizonte espectral.
¡Cuánta belleza nos sosiega a mí
y al mudo animal!
Sonríe el agua reservada a mi pecho.
La misma benignidad del agua que sueño,
tiene la sangre de mi animal.
Nado. Mi pecho sólo sabe que es agua
que sonríe, que trasnocha
en una noche en que todo me ama.
Ya estoy tan lejos
que no podría pensar en mi casa,
que olvido. Tampoco puedo recordar
a quién amaba.
No me abandona el animal
ni su costumbre de ofrendar
la vida a mi lado.
Sigo nadando. Voy a entrar
en un amanecer de invierno.
Sé que no me espera ningún mal.
A lo lejos, se dilata
el horizonte espectral.
¡Cuánta belleza nos sosiega a mí
y al mudo animal!
Sonríe el agua reservada a mi pecho.
La misma benignidad del agua que sueño,
tiene la sangre de mi animal.
domingo, 1 de abril de 2012
Es un adiós de mujer...
Es un adiós de mujer
que se aleja en la blandura
de un sólo silbo
que estira la llanura.
Se recrean las bisagras,
se estrecha la huida
de los quicios,
ronquea la cerradura.
El Edén caído,
toda la verdura
que se puede deshabitar,
en el suelo es una quemadura.
Mancebo de cucarachas
es el hombre de arcilla.
Y el adiós inexplicable
flota como una verdad nocturna,
que es amable
como moribumda,
en la noche en que se rompen
amada contra el amado,
columna contra columna.
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