Verterás tu cansancio
por la punta de los dedos. Hallarás una mañana hecha trizas que te partirá el
alma. Y comerás tu mendrugo de las salinas olorosas que en tu costado
depositarán un verso. No llores de las cosas del mundo o me dejarás sin alma.
No temas a un espejo pues es sólo una pared para sentir tu espalda. Cuánto
amares lo hallarás en tu espalda. Cuantas cosas hayas mirado en la Tierra serán
parte de ti y disueltas con el aire vivo que calma y que respiras. Tan sólo oye
mi voz que viene y huye luego. Como potro en las noches indomables no hallarás
la paz hasta que descanses de tu fiebre de plumas, y tu espalda, la que te dio
un final para tu cuerpo delante del espejo, quede sobre la nada
descansando el verso de tu infancia y un
poblado de banalidades.
sábado, 30 de abril de 2016
domingo, 24 de abril de 2016
Mi sangre ya lo dijo...
Mi sangre ya lo dijo,
mis manos ya lo esperaron. Hallé la paz de mi sangre y de mis manos. El camino
que nos abrió la salida del laberinto ya fue cubierto. Danza en el aire un olor
de jazmines que me abre el pecho. ¿Tienes tú el hambre de desandar un
laberinto? Ojos para desear esta noche pretenden mi frente y la manera de morir
que yo quiero. En esta noche las gaviotas me picotearán el aliento hasta acabármelo.
Pretendo que tú seas el espectador de mi ausencia sin fondo. Ahora que mido mi
paz contigo y nos miramos sin complejos para no llorar tanto, hay que llorar y
hay que ser soberbios. Amor mío, amor que tuvo una ventana dentro de mi casa,
¿tienes tú el hambre para desandar lo llorado?
jueves, 21 de abril de 2016
...Y el muchacho partió...
…Y el muchacho partió
lejos cuando el mundo era humildemente plano, y cuando llegó al país más glorioso por sus sueños de la historia meditó que el prestigio que lo recubría era demasiado
grande para aquélla fácil localización de sus puertas de acceso. Tampoco pudo comprender
que estuviera vacío, un país alabado por tantos relatos referidos durante su
infancia. No obtuvo otra respuesta que había sido abandonado por infecundo o que las personas que lo poblaron alguna vez habían muerto. Otra respuesta
obtuvo: “Los sueños que soñaron debieron ser progresivamente más imposibles de
realizar, lo que significó el fin de la eficacia de sus proyectos”. Y otra:
“Murieron sin concebir la muerte por antagónica con la vida”.
jueves, 14 de abril de 2016
Voy arrastrando mi desventura...
Voy arrastrando mi desventura
y sin comprender quién soy. Levanto la testa absurda y con angustia me dejo salpicar
por la lluvia. No hay impiedad como la lluvia que a un hombre atormentado moja.
Roba de mí y ya no soy yo. Mis ojos ya salen. Mi mente busca la curvatura absoluta.
Mis manos han quedado ansiosas sin la trayectoria de tus pechos. La lluvia ha
robado de mí, y ya no soy yo. Vengo de un benigno anónimo a un mundo de
oscuridad que ya llega, y es tibio como una paloma que aprieto entre mis manos.
Tocaremos la piedra, hundiremos las manos en el agua. ¡Qué más da que haya
rosas si no son para mí! ¿Cómo no dilucidar en la incomprensión al Hombre? Está
la luna rota arriba y abajo el hombre que ha creído oír el crepitar de su fuego
¿No danzan ya los muertos? Esa fue su pregunta.
jueves, 7 de abril de 2016
Por aquí pasa el amor...
Por aquí pasa el amor
con un hedor de río turbio. Los pies descalzos lo comprenden con angustias que
les vienen frontalmente. Arroyo del amor sombrío que vences mirando a los ojos
¿un torbellino de desprecios te trajo? ¿Por un torbellino de caricias circundas
su sexo, y te vas? Tú ya no lo sabes, pero tú ya no lo entiendes… Está
lloviendo con magnitud extraña. Y no se sabe, y no se entiende qué está
pasando… ¿Sabes tú qué es la lluvia que recibe el hombre en pleno de serenidad?
Nostalgia, ¡nostalgia maciza y negra! ¡Eso es!
sábado, 2 de abril de 2016
Érase una casa...
Érase una casa
embriagada de flores. Érase una vez dos sueños jineteados en el agua. Pero ¿quién
sabe dónde se acaba la hondura del agua? Perro soy que quiere soñar con
honduras precediendo un monte. Pero ¿quién puede oír el brillo de una víscera
bramando venganza? Soy el perro jineteado. El niño ríe. La madre piensa en
cosas que están lejos. Corre mi sangre por surcos indócil -¿no ves cómo me
estoy desangrando?-. Mi sangre se parece a mí más que todo lo que humedece mi
forma de mirar. Y ya no me cabe tanto hueco para mi sangre desaguada. Y estoy
mirando cualquier cosa.
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