miércoles, 29 de abril de 2015

Cárcel donde pervive el amor...

Cárcel donde pervive el amor junto a la humedad. El ave rota duerme aquí, trama que la lluvia moje y cure sus alas. Cárcel de la constancia del agua. Peces vienen a respirar en el oxígeno del agua de mi cárcel. Peces hermanos de un agónico sueño, y no escapan. Cárcel, porque aquí el sueño es como una danza de la lluvia. Aquí se pide durante el día un poco de azul arriba, y una bóveda sembrada de estrellas donde mirar alejado se pide durante la noche. Aquí se viene a morir con la paz conclusa. Aquí no hay nada más que la lluvia constante soñando el sueño de siempre, rebotando en el suelo. Yo no sé qué sueño tendrá la lluvia que todos nos quedamos aquí para siempre.

domingo, 12 de abril de 2015

Qué blando voy caminando...

Qué blando voy caminando. Y qué estrella designada inhala mi amarrada alegría. Establecido un cielo para los pobres y un cielo con los costosos añiles de mis mañanas y calenturas, río, a veces, porque mi alma va como disparo. Ahora que pienso en toda la energía de amarte, no sé… Es frío salir al encuentro, es frío agachar la cabeza, sumirla en el corazón escondido del pecho que cruza a tu costado. Es muy frío marcharse. Como doble luna que esparce sobre la Tierra tinieblas ambarinas en oriente y en occidente, pudieran ser los recuerdos que con mis propias manos he asfixiado. Así es nuestro muerto azul, también amarillo y rojo. Macabro.

viernes, 3 de abril de 2015

Traigo mojadas de un misterio...

Traigo mojadas de un misterio las cuencas que he formado con mis manos. Para beber de ellas, si lo precisas, debes yacer en una penumbra como dentellada que va en el aire hacia mis dedos. La riqueza no debe importarte, si la oscuridad envuelve tu figura de río que nace desde tu pecho. ¡Oír el fluido de la carne como vuelo! La riqueza es el misterio que no comprendemos porque nos llama. Así es mi voz adentro de mis manos. Traen la esperanza que vuelcan, y nada más. Tan sencillas partieron con la ilusión de que tú las bebieras, que esperarían una primavera insólita que, ya sin los cantos de las avecillas y las mustias flores desparramadas, nadie, por segunda vez, hubiera flanqueado las tapias de su jardín.