Llena eres de aliento y de sangre
por las callejuelas donde vibra el sexo.
Y por este mundo cerrado
caminas silenciosa y pensativamente en sueños,
con los ojos y el dolor
dormidos como una antorcha serenada.
Llegaras, así, de esta manera,
a mi boca que busca el agua de tu aliento
como quien escarba en el barro
y luego se tiende en tu arcilla y en el deseo.