miércoles, 25 de febrero de 2015

Huir...

Huir preso del horizonte imantado. No habrá paz del corazón, sólo rabia hasta consumar la distancia. Un frescor en la frente pensativa que traerá el levante, y, con los pies descalzos, será el camino un trueque entre la vida y todas las claridades. No llegarás mientras te esperen. No sabrás comprender, pero harás del camino tu mejor rosa cultivada. ¡Adiós, adiós…! y abarcar con la boca el eco de la membrana de la inteligencia. No entender: (quien sabe del camino lo imprescindible esta huyendo). Atrás quedará llorando el sexo intacto, y una profunda tristeza por la marcha que irá desangrándose como la estela de un cometa. Entonces encontrarás las sonrisas que amaban de verdad la vida.

martes, 24 de febrero de 2015

Yo quiero partir a un horizonte...

Yo quiero partir a un horizonte lejos de mi esperanza. Y también quiero escuchar muy cerca mi pecho que la escolta. Sucede que quiero estar triste de pájaros y de adioses que van hacia el sur, y también quiero mi casa habitada por gorjeos en todas las mañanas de invierno. Es difícil estar solo en una primavera bulliciosa de cantos. Es difícil no pensar en el gusano que orada el corazón remoto de un hombre. Y es que a veces parece triste estar alegre, así como vivir con perplejidades que no puede romper el sentido común. Estoy llorando lágrimas marchitas. Estoy clamando a Dios que me haga de nuevo. Todas las calles solitarias son iguales de tristes. Y no hay enfermedad. Sólo un cansancio que no cabe en mi corazón jadeante.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Mi ángel...

Mi ángel gira bajo la lluvia. Fuera de sí y empapado, mi ángel se tiende en el barro. Maculado, el pobre se cree tan impuro como un ángel malo. Mi ángel es algo holgazán cuando llueve y me deja desatendido. Quisiera, yo, prenderlo y atarlo, pero él sólo es niebla y luz para su albedrío. El tercer pecado que cometa en este día tan mágico de lluvia protestaré a los cielos. Digo yo que tendrá su sanción.

jueves, 12 de febrero de 2015

Mírame alto...

Mírame alto en mi gloria de vivir. Mírame alto también cuando las vaguedades quieran velarme este goce y me expongan a la intemperie de la muerte. El sol está brillando, el sol es una madre. Porque ella busca la equidad entre todos sus hijos, pierdo mi mejor tiempo escribiendo poesías. No, no me granjearé la luz escribiendo. ¡La muerte (lo otro que el sol) siempre cercana, siempre concurrente en todos los momentos de la vida! Las madres que equitativamente aman a sus hijos y desdeñan lo fluctuoso, acaso volverán su rostro hacia arriba, al sol que nos deslumbra. A la gloria de vivir también, que es una cosa sola.

domingo, 8 de febrero de 2015

Fue por primavera...

Fue por primavera, cuando estrambóticas flores conquistaban los parques y un tibio sol meditaba en el cielo arrojándonos sus abstracciones. Aquel día supuse que habría algo unánime y bello para mí en el horizonte, donde los delirios de un don Juan trasnochado y senil dirigiera sus pasos, lleno de amaneceres rimbombantes y bulliciosos de objetos como las ciudades en navidad. Tan alegre y obstinadamente me equivoqué del día que mi corazón perfumaba, y a tan temprana hora me puse en camino, que llegué a mi destino cansado de no mirarme el alma, que  no gozó del rocío que la bañaba y de los luceros que se romperían al alba …El cansancio de soñador que opina que nada tiene de valioso un camino que no deja estelas como los caminos que tiene la mar.

lunes, 2 de febrero de 2015

Estoy viviendo...

Estoy viviendo si permito que me canséis el corazón. Poemas que maltratan, poemas que oxigenan, poemas que hienden las cosas. No hay camino que lleve hasta el espíritu agotado que esta manera de sembrar en el viento. Más allá de mi morada, la poesía se tiende en el horizonte ungido. Y aunque sé que todo fue milenariamente rasgado por las espadas, yo he dejado en ella un tramo de mi vida. El velo de mi templo se ha agrietado en dos partes. Ayer o anteayer comenzó la simpleza de vivir acompañado de verbos que profundamente laceraban  la piel. Y sé que muchos vocablos se han deteriorado por un castigo impío. El tiempo se precipita rápidamente. Ayer o anteayer observé mis flores retoñar. Mi alegría no me ha permitido percibir otra cosa que a ellas.