miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Quién desgarra la mañana...

¿Quién desgarra la mañana por su inmensidad celeste? Me grava más de lo que puedo sujetar, arde más de lo que mis pesadillas me hubieran prevenido. Es triste y dolorosa y sangrienta. Si yo fuera joven destruiría los panales donde se gesta esta enormidad. Pero tengo un corazón descorazonado, y no puedo. Pero ando descalzo, y no llegaré. Y desnudo mi alma al salitre y a mi fuero que apenas ya puede sostenerme, y sigo buscando la tierra apacible de mi adolescencia, la poderosa vivencia de un sexo intacto, la sabiduría inclinada sobre una moneda extraviada en el suelo, una sola escondida bajo la arena...Y hoy he dado un paso más hacia la raya del horizonte, donde la imagen de un sol bienhechor se derrama al alba con extraviada mirada, a la hora en que es dulce y oloroso como primicias de mujer. Si acaso no encontrare allí la belleza y la paz acechadas, buscadme en los confines que dibujan los niños de las altas montañas.

viernes, 14 de agosto de 2015

Sobre mi pecho...

Sobre mi pecho que mira al cielo están tendidas tus mejillas. Yo las oigo como una respiración, en las noches plenarias, cual animales, bárbaramente luchando inmóviles contra la soledad que ha saltado sobre ellas. En la lucha jadean, se revuelcan, se sacian de sangre, hasta que se recogen con gran silencio en el abismal infinito estrellado. Entonces, las confundo con un ciclón sanguinario que fiero en el centro de la noche me va a abandonar para siempre. Tendido boca arriba, agoniza mi pecho en una explosión odiosa de músculos y carne selvática. Y apacienta mi alma un adiós, más allá de lo humanamente interminable, al hombre que descansa ilógico bajo la lluvia.