Ojos como pájaros que nunca llegan
y, en su quehacer, el pan de la respiración.
Que no me tienta el éxito. Si sólo es pasar,
frondoso silencio hay en el árbol, la emoción
del blanco invierno que quita, y la trágica hermosura
a su lecho luctuoso rendida en las hojas. Quebró
la perpetuada lápida polvorienta,
el pensar errante del espectro en el sillón,
la dulzura de un tren que silba, y pasa,
sin viajeros que paren en la estación.
¡Hay tanta música en una desposesión!
lunes, 29 de octubre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Voy a acariciar el suelo...
Voy a acariciar el suelo inconcebible
en un camino de arena que yo me sé,
derribándome el corazón en aluvión
de masas de mí infantes en la madurez.
Incertidumbres crecerán de mi pasado
alegremente dormidas en una moneda, y besaré
el párpado tan pobre de la tierra,
tan en gracia y tan virgen, que equivocaré
a la anochecida que supe ladrar
y ¿por qué no? con aullidos de lobo amarla
temblando de lo que no podía entender.
Viajando por este mundo de minerales
supe de algo más también: la carne sobre la sangre
y un misterio de rosas que no resolveré.
en un camino de arena que yo me sé,
derribándome el corazón en aluvión
de masas de mí infantes en la madurez.
Incertidumbres crecerán de mi pasado
alegremente dormidas en una moneda, y besaré
el párpado tan pobre de la tierra,
tan en gracia y tan virgen, que equivocaré
a la anochecida que supe ladrar
y ¿por qué no? con aullidos de lobo amarla
temblando de lo que no podía entender.
Viajando por este mundo de minerales
supe de algo más también: la carne sobre la sangre
y un misterio de rosas que no resolveré.
domingo, 7 de octubre de 2012
Vendrá la cirugía del otoño...
Vendrá la cirugía del otoño
como una rosa grande envenenada,
bella y fiel a dormir sobre el pecho
de un suelo de agua dura y de ramas.
Y yo estaré triste porque quiero
allá y en cada cúspide solitaria
que lleve hasta el cielo nublado
un clamor de sed en mis pisadas.
Mi sed que no sé qué busca
ni en dónde quedará saciada.
¡Ay que ríe ya la vida esperando
este derrumbe que la nada declama!
¡Y qué colmada y triste estará la avecilla
huyendo de esta guadaña que canta!
como una rosa grande envenenada,
bella y fiel a dormir sobre el pecho
de un suelo de agua dura y de ramas.
Y yo estaré triste porque quiero
allá y en cada cúspide solitaria
que lleve hasta el cielo nublado
un clamor de sed en mis pisadas.
Mi sed que no sé qué busca
ni en dónde quedará saciada.
¡Ay que ríe ya la vida esperando
este derrumbe que la nada declama!
¡Y qué colmada y triste estará la avecilla
huyendo de esta guadaña que canta!
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