Sucumbir ¡ay! a una melancolía y no llorar con pena
que transcurra un melodioso sentimiento
ser del tamaño de un gorrión asustado entre unas manos
y temblar preso de sentimientos humanos
que la orgía de esta música alumbre un ser de alturas
que la tristeza no pese tanto
que la mañana llegue más pronto a los insomnes
Abrir una brecha para que entre dentro mi melancolía
en el pecho furioso y en los ojos el asombro
estar vivo no es indiferente, no es una indiferencia