Esta carretera que nos afantasma y nos huye de la ciudad
cruza los olivares conjurando oscuridad y luna verde
Los montes eléctricos y la neblina ponen un adorno
de mansedumbre e inquietud a nuestro paso
De cuando en cuando olemos el errabundo y emborrachado
trastorno de sus colinas simétricas y olivos desgarrados
creado por un loco que quiso hacer "lo miserable"
Pasa la muerte con sus leves ojos negros
por los ciegos callejones abiertos, que se agarran a la piel
que no se defienden, que han derramado toda su sangre
y volvemos la vista hacia atrás con alivio desengañados
de los mundos inhóspitos donde debió pasar un sueño
de alas blancas o de tumbas abiertas