Volteado el redoble,
suena inmensamente
en la noche.
Se come la oscuridad
babeando
en su inmensidad.
Frío nocturno
que el piano,
taciturno,
no quiere mirar.
Nadie quiere mirarlo.
Nadie quiere soñarlo.
Pero suena el redoble
con su pasión
y su voracidad.
Se come la noche
y nadie quiere mirar..
muy buena
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