Suavísimo rasgo propaga
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
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