Duerme, y el velo la preserva. Calla, y está diciendo adiós. ¡Ay, si
yo entendiera esta noche que nos oscurece y nos muerde! Manoseando las flores
amarillas vamos lentos hacia la muerte. Pensativos, un camino nos lleva
imantados. Vamos… ¡qué sé yo! a una herida en el fondo milenario de un pecho
que erró. En las cumbres, la inmovilidad de los sueños es como un cabello a
punto de quebrarse. ¡Amor que surge riendo y al alba medita oscura!, en breve
traerás en el costado una flor roja, como la vida roja, como la sangre. Ella ha
sobrepasado y saltado la mancha derramada del sueño, y no me la han arrebatado.
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