Acaríciame las mejillas como a una novia, padre sol, demórate en mi
rostro cuando me vacíe de credulidades y beba yo de tu secreto renovada la
quimera que me instiga. Que en mi fragilidad esté siempre el corazón sencillo
que parte el pan cotidianamente. Y hazme alma de tu mirada evidente y haz razonamiento
descalzo de mi pobreza. Que confundido ore arrodillado aquí abajo sin
despreciarte, yo que siempre había dormido mientras excitabas mi frente y
repudiaba tu mensaje extensísimo; padre sol que destapas el secreto de la vida para
oscurecernos la sabiduría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario