Hay un bramido en lo bonito del día,
hay miserias que aguardan turno
y un quebrantado silencio que se ha borrado,
que va a cualquier parte y viene...
-Señor, yo no sé cómo llorar
mi parte en esta bruma pero lo oigo...
Respiro..., y a veces se me escapa un eructo,
pero el bramido, en lo bonito del día,
no sabe que está llorando,
que no es una piedra dura y destetada.
En la honda simiente que me trajo,
bellos vaivenes donde se puede dormir.
Sólo las vergas de los deprimidos sienten.
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