Finge que no sabes que me iré un día,
en tu jardín mira las rosas,
cubre tus párpados con el barro y con tus lágrimas,
y finge que no sabes que me iré un día.
Duérmete sobre mi pecho,
finge que no conoces nada doliente.
Enfermaré de dicha si me cubres con tu cuerpo,
pero finge y simula que no sabes a dónde vamos.
Simula, por ejemplo, que soy
esa rosa que crece en tu jardín,
y estréchala, muy fuerte, contra tu pecho.
Aromas pasan por mi rostro indescifrables.
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