Voy caminando muy solo, derrumbándome,
cayendo en la calle, desapareciendo en la calle
que me traga cual animal sangriento,
que me habla con palabras de cielo gaseiforme,
sin poder descifrar nada, sin entender
las lunas en que se refleja mi sangre por la frente
y me encierran en una caída,
y me dan la comida y el vestido de los pájaros
que van brotando, riendo, en mi noche triste.
Madrid, 1988
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