El girasol rueda pensando.
¿Sobre qué vías?, ¿en quién?
Yo voy doliéndome.
¿Veneras el anteayer?
Mi corazón es el ensueño.
¿Quién lo fabrica?, ¿por qué?
Y por el sendero lo olvidaron.
¿Ya sabes cómo es?
¡Es este un mundo extraño!
¿No piensas para qué?
Quiero vivir sin preguntas.
¿Aún inquieres para entender?
jueves, 23 de agosto de 2012
lunes, 30 de julio de 2012
Si el viento no rotara...
Si el viento no rotara.
¡Ay, la pena
de no entender
nada!
Si no orientaran el cielo.
¡Ay, madre,
sin anochecida,
cómo volviera!
Si yo no fuera yo.
¡Ay, qué solos
yo
y mi Dios!
¡Ay, la pena
de no entender
nada!
Si no orientaran el cielo.
¡Ay, madre,
sin anochecida,
cómo volviera!
Si yo no fuera yo.
¡Ay, qué solos
yo
y mi Dios!
jueves, 26 de julio de 2012
Hay labios pálidos en la niebla...
Hay labios pálidos en la niebla vespertina.
Se esconden en corredores magníficos,
pero yo sé que están ahí, con un adiós caprichoso,
balbuceado, y con manos lívidas y torsos frescos.
Labios llorados también en estivales atardecidas,
y que vienen tan cansados del mundo que se entregarán,
yo sé que se entregarán -¿a un beso?-. Tal vez me engaño.
¡A una hoguera que culebrea y reparte migajillas de pan!
¿Cuál es la sed que abrasa al mundo?
A veces, me asaltan sueños de inmensidades y soledad.
La noche intensa es mala... ¡Qué usado está el cielo nocturno!
Mujer que ríes, ¿sabrías beber mi última inmortalidad?
Se esconden en corredores magníficos,
pero yo sé que están ahí, con un adiós caprichoso,
balbuceado, y con manos lívidas y torsos frescos.
Labios llorados también en estivales atardecidas,
y que vienen tan cansados del mundo que se entregarán,
yo sé que se entregarán -¿a un beso?-. Tal vez me engaño.
¡A una hoguera que culebrea y reparte migajillas de pan!
¿Cuál es la sed que abrasa al mundo?
A veces, me asaltan sueños de inmensidades y soledad.
La noche intensa es mala... ¡Qué usado está el cielo nocturno!
Mujer que ríes, ¿sabrías beber mi última inmortalidad?
domingo, 8 de julio de 2012
Ya está debajo del umbral...
Ya está debajo del umbral melancólica y huida,
ya se escuchan en el rostro el paso de las lágrimas.
¿Hacia dónde huye? Ostenta en la frente una memoria
y un deshabitarse, reñido frente a la luz amarilla,
que aspira el olor de la rosa negra
en el suave aliento que se desentierra en la lejanía.
¿Qué luz me llega en las flores de abril
que no sé si es el amanecer o es una anochecida?
Pero me basta un latido en el pecho y en ese rincón
de la cama que no ve borrarse la débil primavera.
Nos embriagó un jardín oliente para no entender
de flores marchitas o bendecidas de esencia.
¡Qué blanco es el deseo de día y de cuánta luna
se prolonga en la oscuridad de la melodía nocturna!
¿Está llorando o canta un apogeo o una decadencia?
ya se escuchan en el rostro el paso de las lágrimas.
¿Hacia dónde huye? Ostenta en la frente una memoria
y un deshabitarse, reñido frente a la luz amarilla,
que aspira el olor de la rosa negra
en el suave aliento que se desentierra en la lejanía.
¿Qué luz me llega en las flores de abril
que no sé si es el amanecer o es una anochecida?
Pero me basta un latido en el pecho y en ese rincón
de la cama que no ve borrarse la débil primavera.
Nos embriagó un jardín oliente para no entender
de flores marchitas o bendecidas de esencia.
¡Qué blanco es el deseo de día y de cuánta luna
se prolonga en la oscuridad de la melodía nocturna!
¿Está llorando o canta un apogeo o una decadencia?
sábado, 30 de junio de 2012
Llora la tarde con sol...
Llora con losa de tumba la tarde con sol,
mirándome en su vagar los ojos de una mujer.
Me colma la sonriente belleza que se aminora
en el claroscuro ventanal, dulce y hundida de ayer
y tanta luminosidad que podría ser de lluvia.
Porque todo ello me colma de tanto bien
pero no fue de lluvia su mirada abandonada,
sonrío la gloria de la muerte y sus crepusculares
ocasos al desencanto, cuando esa llama,
la de ellas, se hunde en una boca de oscuridad.
¡Pidiera un instante al otoño que no se fuera
y tras una torre de lluvia me mirara extraviada!
Una vida afable con un horizonte de ventanas.
Vivir el misterioso derrumbe de ellas asomadas.
mirándome en su vagar los ojos de una mujer.
Me colma la sonriente belleza que se aminora
en el claroscuro ventanal, dulce y hundida de ayer
y tanta luminosidad que podría ser de lluvia.
Porque todo ello me colma de tanto bien
pero no fue de lluvia su mirada abandonada,
sonrío la gloria de la muerte y sus crepusculares
ocasos al desencanto, cuando esa llama,
la de ellas, se hunde en una boca de oscuridad.
¡Pidiera un instante al otoño que no se fuera
y tras una torre de lluvia me mirara extraviada!
Una vida afable con un horizonte de ventanas.
Vivir el misterioso derrumbe de ellas asomadas.
jueves, 17 de mayo de 2012
Suavísimo rasgo...
Suavísimo rasgo propaga
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
lunes, 14 de mayo de 2012
Verdeará en el ejido...
Verdeará en el ejido
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
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