Viejo rostro que en sueños surge
de entre la bruma del futuro
y no nos oye y sigue su camino
como una antorcha en la noche
que no se apagará
y no habrá pesadumbre que le haga volver
y no habrá recuerdo grato
que su ojos empañen de nostalgia
y no será nuestro rostro nunca
al que perseguiríamos hasta el infierno
entre sombras y desdichas
para fundirnos en un sólo rostro
y bajar la vista para hablar con Dios
en una noche de brumas enamorada