Viejas luces que cubriais mi cielo inflamado
toros que llamabais a Dios hacia el firmamento
claras noches de súplicas en los bramidos
cierto es que me asombré ante el cielo estrellado aquél
llorando a impulsos del corazón las pérdidas
basura era todo alrededor dispuesta a adoraros
yo soñé, yo no soñé aquel cielo de estrellas súbitas
la dicha fue en el instante en que alcé los ojos
vosotras me llamabais a mí
yo no sabía todavía a quién llamaba mi corazón