Tormentas vertiginosas nos llenaban
los quicios se rompieron con un crujido
en el agua nos contemplaban las aves lentas
se detuvo un pensar y miraron los hombres
con sed de tiempos contemplaron un vacío
adioses eran adioses y no esperanzas
se estaban pudriendo todos los naranjos
se estaban pudriendo las piedras
mirábamos y no mirábamos porque no creíamos
llanto era el llanto y no la esperanza
entonces Dios hizo un ademán de despedida
una rosa sólo una rosa no se mustió