viernes, 29 de marzo de 2013

Tan dulce en la niebla...

Tan dulce en la niebla,
morías con una angustia
devorada en lo oscuro,
sin llanto. Súbitas
espadas laceraban libres
y locas tu espalda,
y para el recuerdo eran
cual metálicas y amnésicas danzas.
Recogiéndote la melena
yo recordaba otras lontananzas,
memorias rotas
que arden aún lejanas,
tan lejanas como esas canciones
que han reinado soberanas
solamente una noche,
en el vaho del cristal
o en un misterioso umbral.

1 comentario:

  1. El olvido inquieta, porque tras él, quizás esté la nada.


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