Rozaría el cielo gradualmente, y aún en tinieblas,
pensaría que no es sangre lo que escapa a borbotones.
Cielo, sangre, serían la misma nieve,
y lloraría, lloraría todo, mucho, en rectas respiraciones.
¿Acaso no da la tierra harto espacio para andar?
Mudo quedo adentro de todos mis corazones.
Ven a esta sombra que el cielo engulle cual espada
y se esconde en su vientre rajado en tantas direcciones.
¡Ay, si se desplomara con dolor de marfil
la casa con sol que edificó esta concurrencia de bendiciones!
Sugestivo y magnífico, lleno de calidez, me has dejado con una sonrisa en el corazón.
ResponderEliminarUn placer.
Carmen