La calle mía tendrá otro sabor,
no será como cuando yo la recorría,
habrá otra flor única en el jardín seco
y otra indumentaria vestirá al vividor.
No entenderán las golondrinas,
al volar raso en mi tejado,
qué exhalación de hombre dejó
tanta soledad adentro del mirador.
Y acaso sobre el mármol polvoriento
ruede una flor evocadora
que exima de lágrimas al último amor.
Y no será ese cielo el cielo mío,
y hará frío en el hogar en penumbra
donde fui poeta y atesoré recuerdos
que valen lo que vale una alucinación,
esa manera en que cultivamos el escondido don
de vivir, y, en buena armonía,
el furibundo ciclón
al que nos empujaron.
Este es mi favorito de los que he leído. Gran trabajo José. Un saludo.
ResponderEliminar