Aquella rosa olía a jazmín,
¡a una pobre miniatura!...
En el quebrantado día
alcé los ojos a la altura
y un cielo azul se ponía
íntegramente limpio.
Pero, donde yo veía
mi alta delicia azul y plácida,
un ángel nocherniego
bostezaba por detrás la noche ácida.
Con el corazón roto,
sin mi rosa y sin mi alta delicia,
me hice noctámbulo
y abstemio de esencias.
...Y a mi nuevo destino
le llamé escarmentar y pobreza.
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