domingo, 15 de diciembre de 2013

El ángel suyo se le durmió...

El ángel suyo se le durmió sobre el pecho,
y la flor del corazón se le abrió
llena de transparencias de insecto, seda y respiración.
Fue en un alba chiquito, que también cabeceó,
y en un mediodía sembrado de estrellas.
Acaso, otro día, todo lo bañara el sol,
pero no sé… acaso también Dios estaba dormido,
¡y era tan extraña la vida con aquel pan de dolor!

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