domingo, 28 de diciembre de 2014

Hasta el vientre manantial...

Hasta el vientre manantial, hasta el beso cerrado de la vida. Llego cuando el horizonte me colma de luminosos ojos claros la llegada. Por mi vereda, que es sencilla, que es el alma de un pájaro que no huye de los inviernos y es acariciado por el sol gravemente caído hacia el sur. Veréis la ofuscación que me ciñe y más abajo el mar que siempre he temido. No sé… Traigo una herida en el pecho y voy sangrando en medio de esta preciosa tempestad que me agita. La tensión de mi arco, considerarla porque sobrevivirá a mí. En el viento dejo una mirada excesiva cual látigo. Veréis que he estado siempre entre vosotros. Veréis que se pueden leer mis ojos en todos los ojos. Y veréis en ellos que la raza humana engendra a sus hijos para la tempestad y la iracunda inmortalidad.

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