Este poema tendido, la
finísima herida en la mano que sobre ella he recorrido casi nadando, que no sé
si es un roce del cuchillo o una caricia que se dobla por la silueta. Que viene
avanzando por la muerte o por la vida. ¿Es la quiebra del amor? Si recoge en su
camino el recuerdo, ¿es la quiebra de la vida? Y si lo vierto en el suelo, ¿es
la muerte que se reanuda día a día? No quiero pensar en nada. Dormir, dormir,
quisiera dormir. Este es el único muro que podemos interponer a todo lo
rechazable. Lamento pedir tan poco pero es más viejo el soñar que la dura carne
o la brusca vivencia y el aprendizaje de hallarse perdurando. Exigiéndose daño.
Olvido.
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