¿Quién desgarra la
mañana por su inmensidad celeste? Me grava más de lo que puedo sujetar, arde
más de lo que mis pesadillas me hubieran prevenido. Es triste y dolorosa y sangrienta.
Si yo fuera joven destruiría los panales donde se gesta esta enormidad. Pero
tengo un corazón descorazonado, y no puedo. Pero ando descalzo, y no llegaré. Y
desnudo mi alma al salitre y a mi fuero que apenas ya puede sostenerme, y sigo
buscando la tierra apacible de mi adolescencia, la poderosa vivencia de un sexo
intacto, la sabiduría inclinada sobre una moneda extraviada en el suelo, una
sola escondida bajo la arena...Y hoy he dado un paso más hacia la raya del
horizonte, donde la imagen de un sol bienhechor se derrama al alba con
extraviada mirada, a la hora en que es dulce y oloroso como primicias de mujer.
Si acaso no encontrare allí la belleza y la paz acechadas, buscadme en los
confines que dibujan los niños de las altas montañas.
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