viernes, 23 de octubre de 2015

Hallar carnal un mundo...

Hallar carnal un mundo y sin sentido, y en una tarde vana volver los ojos hacia el cielo incólume, que erige ciudades sobre añiles enfermizos y apagados, y espera al viajero desencantadamente, y espera la cosecha en la primavera absorta y alucinada. Sé que alguien preguntará cómo lo miraremos con nuestros ojos disecados. Y el cielo esperado, cómo la reduciremos a cenizas de la imaginación. Se consumirán tantos oscuros abriles en un boquete que lastimará la luz vibrando arriba. Y, abajo, tercamente horrorizados, no querremos pensar en la venidera sombra. Pero habrá cielo, hermano terco. Pero habrá cielo contra todos o contra uno. Y veremos lluvias a lo lejos sedimentando en el barro como un absurdo y una ofuscación.

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