I
Anduve en la
noche equivocado.
Pensaría,
yo, que aquel estrépito
era la
claridad que venía,
y caminaba
por ella alborozado.
Idearía la
alondra
un amanecer
en el
frescor de tu costado,
y unas rosas
empapadas de lozanía
y del rocío
de la amanecida.
¡Ay, cómo
cantaba la alondra!
II
Mi jardín
perpetrado por manos
de un
jardinero irracional,
trozos de él
recuerdan pretéritas verduras,
tensas
cuerdas de guitarra primaveral.
No es nada.
No me pasa nada.
Pero el amor
que sabe abrazar
no pasará
por mi lánguido jardín.
Perjuraría
que no va a pasar.
¡Oh, mi disipado
jardín
que
fúnebremente ideal
llegó hasta
el invierno!,
hoy batido
por un viento invernal.
III
Junto al
mármol, una amapola
te velará en
el sueño.
No pidas más.
Te recordará,
cada
primavera, el beso
breve de la
vida.
Trasminará
de tu cuerpo
un exceso de
amor de la carroña.
Y habrá en
el viento
una parte de
ti
obcecada y
durmiendo.
Y tanto como
fuiste
seguirá
transgrediendo
la ley
severa en cada respiración
de los
enamorados,
y estiércol
generoso serás,
hospitalario
con tu flor leal.
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