Entrando voy en un infinito raro,
con heridas de un pasado infinito.
Entrando con vómitos voy
a la única luz que descifran mis ojos.
Solo, y con sangre en alguna parte
de mi frente, derramándola.
Solo, sin compañía, yo,
entrando en un infinito raro...
Y de mis sueños extraigo en un cáliz
la bebida amarga de mi otoño
como una rosa enjaulada
que no palpita con la utopía de la libertad,
que se niega a ingerir
su ración diaria de pan festivo,
y su columna donde apoyarse
erguido mirando al sol.
Digno y definitivo en la creación.
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