La carretera entre los girasoles,
el patio blanqueado, la translúcida uva,
todo se ha quedado dormido,
huido de la malaria de mis manos,
huido de los cadáveres, y un estruendo
de sombra bajo los pies
a golpes secos contra la luz...
He huido con miedo
de acariciar el muslo a esta diosa estridente,
su luz y su memoria.
Pero entre los girasoles, esta carretera,
presiento que me ha buscado siempre.
Alas en fuga en una carretera que mira deidades.
Brutalmente me cubre con su luz
y me siento en paz bajo la lluvia súbita
que no podrá purificarme.
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