Qué extraño es sembrar una mirada
tan lejos de la melancolía,
y esparcirse y no morirse,
y caer temblando como caen los dioses
en manos de la lluvia que no cesará,
que no nos dará reposo...
Cual si fuera la iracunda estrella
que mata, que destruye la vida,
si al cabo fueran tan grandes sus celos
por amancebarnos con la soledad,
en este infinito triste.
...Y esta llaga lacerada en el beso
que tanto se extrañó de besar una entraña tuya.
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