viernes, 23 de marzo de 2018

Cabriolear y danzar...


Cabriolear y danzar entre irisadas evocaciones
para que se sueñen hoy los días marchitos,
las lumbres que nos iluminaron
en los caminos buenos escogidos.
Y sentimos que todos los caminos se bifurcan,
que crece la benévola hierba en sus costados,
parece la libertad una espalda de mujer
que va ha enamorar de pronto al viajero.
Se sueña, ¡se sueña tanto! Que a veces la mujer,
volviendo sus ojos, nos devuelve unas cuencas vacías,
y herrumbres de tanques centenarios,
pisando nuestra hierba adolescente,
nos encogen el corazón. Adoloridas pisadas
sienten el incendio bajo el sol vertical.
Pero en lo viejo del alma, la celebración
de esta noche y esta hambruna de pertrechos y harapos
nos ha de cargar el pecho de una postrera
felicidad, inexpugnablemente alegre de creer.
 

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