Te entrego mi presencia para que la oigas
en esos derrumbamientos que a veces asolan,
en esas voces que a veces llegan
con gemido de animal envuelto de soledades.
Y descubre misteriosamente golpeada
la espalda que se aleja,
el cuerpo que viviste en la plenitud...
Está danzando la vida sobre nosotros.
Ayer tomaste de mi sangre
la última secuela de los hijos que abandonamos.
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