Yo he vivido en un silencio muy grande,
y el perfume de mi silencio era triste
y sobrevolaba los bosques incendiados.
Entre esqueletos negros de árboles calcinados,
yo prendía mis blancas rosas
en memoria de la vida que con un beso sorprendí,
con sus lágrimas pretéritas,
en sus noches tristes y en las sábanas más tristes,
enredándome con blancos sueños,
en el centro de un torbellino de lágrimas,
besándola hasta la garganta,
en mi noche negra y con mi árbol verde...
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