Yo no quiero cantar la canción de mi calle triste.
Yo no quiero romper el hechizo de las lágrimas.
Yo no he caminado tanto para este desenclavado
de los ojos míos en los tuyos evadidos, bárbaros
ojos en sueños, párpados llenos de cosas bárbaras.
Dormir... empezar el rosado sueño de alejarse,
hiriendo al fuego desentrañador.
Las hojas de los árboles manchaban y tiritaban ayer
sobre el suelo abierto con bisturí.
Yo no he querido cantar una canción
sin refutar cada amapola de sangre de mi tiniebla
con las flores amarillas de mi balcón soleado.
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