martes, 14 de mayo de 2019

Qué solos están...


Qué solos están los que callan,
los que sobran,
los que al alma suya claman,
el cerebro que ha caído.
Entre los espinos y entre los cardos,
no queda nada,
sólo se oye un llanto
que atraviesa soledades infinitas,
y una gran mancha que el cerdo, noblemente,
empujó hacia los ángeles,
hacia los cielos que no se le abrieron nunca.
Bastaría una pequeña lágrima
para que encendieran el corazón de Dios.
Pero callaron, con la potestad
de una rosa abriéndose en primavera.
 

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