Qué callando las luces que miraban tu frente
se han apagado... qué callando...
Qué callando han muerto en tu frente
los monstruos que ayer fabricaron las ideas,
tus besos más fuertes, tus ansiedades de callar...
qué callando... qué callando...
Muchos adioses no son muchos,
ni te dolerán muchas despedidas.
Pero ¡cómo se enciende la boca que besa
y las manos que tocan!
Adiós, un fuerte adiós, os digo.
Y no sé decir otra cosa que tiemblo
en este amanecer de ribera tan blanca,
aunque como en un sueño lo respire
y lo exagere.
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