Tu palabra cerrada murió en mis manos.
Como las mariposas cierran sus alas,
cayó al suelo hiriéndome de pena,
mientras mi corazón salpicaba una gran desolación.
Entonces vi muchos dioses afligidos
cruzando ¿una avenida?... no sé,
¡era tan extraño todo lo que se cerraba!
La bóveda se cerró, los ángeles,
todo quedó tumbado y herido
hasta el alba en que se destrozó el horizonte.
Vino la luz a mis ojos y se clavó la vida,
más viva la mañana entre mis ojos,
que dudó como cuando escapa un maldito,
sin saber, yo, que era en medio de tanto bien.
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