Aprieto mi puño en este eclipse,
y saltan al vuelo las golondrinas
como una alegría que no se puede sujetar.
Y se va extendiendo una dicha
por todo el horizonte rojo
en que me ato a Dios y a la vida.
¡Ay, mi buena credulidad
que construyo con despojos de penas!
Si yo no fuera yo,
nunca dejaría de huir con esas golondrinas
del eclipse, cuando aprieto mi puño.
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