Para que mi soledad me comprenda,
me he tendido en una llanura de espigas,
he tirado mi cuerpo a las veleidades
de un sol que me amaba más estando sediento,
me he prendido una flor carmesí
para volver a ver a mis animales caídos,
he llenado el espacio con una mirada
que ocupaba más que mi sangre que te ocupa,
más que el vacío de mis manos por cruzar tu frontera.
Y así fue como se llenó mi soledad
de una llanura verde infinita de espigas
que sólo pretendió comer su pan duro cotidiano.
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