El trémulo ademán de una despedida
que se niega a borrar y alejarse,
sin dejar de tender las manos,
la memoria de las voces,
el calor del cerebro humano aterido ahora,
la asfixia que queda en el hogar,
la lluvia que va calando en la tarde
en que el ademán abandonó el contacto
de sus dedos con las otras manos
y escaparon golondrinas negras de los ojos.
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