sábado, 22 de mayo de 2021

Dormido eras hermoso...

 

Dormido eras hermoso árbol viejo,

con tu sangre vieja, en el derrumbamiento

de las noches y las inmensidades arriba.

Eran las noches de otoño


una lluvia de estrellas sobre tus ramas esqueléticas,


hoy blando lecho dorado que abriga


el sueño de algunos locos muy pobres.


En cierta fiesta de la primavera,


yo grabé un corazón en tu tronco,


ilusiones que llenaron algo, no sé qué,


y que ahora sólo son vagas evocaciones


de una juventud maloliente.


Yo te alabo porque fuiste buen compañero


de graves momentos que me hicieron hombre,


de un sólo camino y una sola verdad,


y una sóla palabra terca


que el futuro dejará suavizada


en la alameda maldita que recorrí


mientras visitaba mi sombra.


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