miércoles, 9 de junio de 2021

Aquel sol...

Aquel sol que nos abrigaba de niños

en los inviernos, que en el aire puro de la mañana

renovaba la juventud de su luz,

medita hoy conmigo la sombra que atrás

íbamos dejando de un sueño infantil.

Entramos con alguna década más y un desamor

en la alegría, y la tristeza por no se sabe qué,

y empezamos a pagar los intereses por vivir. 

Hoy bajo el sol aquellas penas llegan

con nitidez, pero sin el aborrecimiento

que parecía fijarse en las almas nobles de entonces.

Ya lloramos las penas vivas ¿qué nos quedaba?

Maduraban los árboles, y nosotros

mientras huíamos de los murmullos humanos,

con unos billetes de cien en los bolsillos.

Nos quedaban unos tibios pechos por andar,

una palabra de mujer en la atardecida

de la noche profunda que no huía,

que nos esperaba sabiamente oscura

en una noche de borrachera y llanto.

Muchos llegamos a las multitudes exhaustos,

otros nos prometimos la soledad

desde los primeros rayos de sol de diciembre,

intimamente aborrecida o amada.

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