Si las copas ateridas estallaran en las manos,
se abriría la honda tierra
con un lenguaje triste que dormiría.
Y en una playa lejana,
la arena asustaría tragándose la mar,
la maravilla de una tristeza te mancharía
la blusa que te hace delgada,
y sentirías pena por las cosas que se van,
con adioses y rencores.
Debajo de las espadas afiladas,
hallarías los cortes de la soledad
embriagados de muerte,
y sólo un pequeño latido de tu corazón
te recordaría los mensajes que ardieron,
que arderán como mariposas
que revolotean alrededor de las candelas.
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